Reflexiones sobre la ciencia ficción

Sin lugar a dudas, del universo se habla y mucho, siendo por otra parte, el gran desconocido. Se define como el conjunto de todo lo que tiene existencia física, en la Tierra y fuera de ella. Nos hacemos cábalas a medida que medimos e imaginamos explicaciones, llamadas teorías, pues nada o poco es demostrable. Si pensamos tan solo en su dimensión, su extensión, sus límites, nos preguntaremos, por ejemplo, cuál es el contenedor en el que se expande el universo. Y si algo lo contiene, qué contiene a ese algo. Teorías sobre el origen terminan enmarañadas con otras que surgen diciendo lo contrario. ¿Alguien sería capaz de crear un agujero de gusano en un medio físico? (ya sabemos que es en el vacío), ¿cómo lo controlas?, ¿cómo lo manejas?, ¿qué maquina es capaz de crear algo así entre dos puntos alejados años luz? Plegar el espacio como una hoja de papel es una idea feliz, pues la hoja la cogemos con nuestras manos y con el lápiz atravesamos el papel uniendo dos puntos. ¿Se imaginan a la distancia de cinco años luz una mano sujetando el espacio? El concepto de infinito es imposible de racionalizar y la mente humana no concibe que algo sea infinito, ya que somos finitos, vivimos en un mundo finito y nuestro contendor es finito. Aun así, imaginamos y creemos porque tenemos esa necesidad, y seguiremos descubriendo y avanzando.
Cuando hablamos de ciencia ficción, desde mi punto de vista quiero incidir y en la observación de los dos términos distintos que confunden al lector. El vocablo ciencia implica que, tras el relato, deba existir algún tipo de amparo técnico o investigador. Un argumento científico, en definitiva. La palabra ficción, sin embargo, solo expresa algo inventado y muy relacionado con el término fantasía; aquí incluso no encuentro discrepancia, salvo si buscamos el hilo argumentario que Orson Scott Card desarrolla en su libro Cómo escribir ciencia ficción y fantasía, con definiciones y conceptos de los que estoy de acuerdo casi al cien por ciento.
Al escribir ciencia ficción, como digo, debemos tener clara la palabra que implica cierto conocimiento técnico, de desarrollo, o instrumental de la ciencia que se aplicará al relato. En este sentido, vamos a tener un grave problema, pues tenemos la necesidad de crear historias que traspasen nuestra barrera del conocimiento actual; debemos salir del sistema solar, si bien, técnicamente solo encontraremos divagaciones y teorías, a veces, increíblemente estúpidas o extrañas. Incluso limitaciones como la de Einstein de que no podemos viajar a más velocidad que la de la luz (aunque el genio acertara en ello, nunca admitiré una limitación así pues es la primera regla del fracaso intelectual). Podemos inventar, copiar o modificar tomando referencias de lo que ya existe y se utiliza en publicaciones científicas; aun así, terminaremos frustrados pues llegar a Marte no es tan fácil y qué decir de alcanzar un lugar a años luz.
Al hilo de la exposición, podemos pensar, tal y como aprecia Orson Scott Card, que el motor de curvatura es… una idiotez. Sin embargo, Miguel Alcubierre y su teoría sobre la burbuja de deformación plana, o también el teórico motor de la Nasa de Shawyer, denominado motor electromagnético con cámara de resonancia, quedarían fuera de la apreciación de Orson. Lo que sí resulta evidente es que queremos viajar. Y eso nos lleva a soñar porque, en ese viaje, casi todo vale. Siempre y cuando nosotros mismos estemos dispuestos a creerlo.
Aunque la ciencia nos lo ponga complicado, la imaginación va por delante y cualquier afirmación llegará a la consecuencia final de que la realidad superará a la ficción.

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